Un cazador de Imágenes

Adentrarse, expresión elíptica que denota ir al interior del animo, adentrarnos a la obre de Gerardo Valenzuela, es pasar adentro de su animo, de su alma gestora y concreadora del acto artístico,

es pasar por su obra que entendemos su creación y esa creación y esa misma creación la que nos conduce a adentrarnos en el ser; así conocemos la mano que revela la formas de las cosas así dice Hereder, “esta ante nosotros lo que significa”, la sincronización de lo que habita en ellas.


He ahí una de las proyecciones magnificas del arte, el “exultat” del alma de la obra, es el adentrarse en el viaje que va en busca del mensaje encarnado, es el soslayarse en la idea que ha nacido donde la forma se ha hecho sentido del tacto, aliento del espíritu.


Hogarth, que descubrió las líneas de las gracias (Meplata de Hogarth), define el goce, que es, ese adentramiento en la obra artística, como el toque y la sensación que esta íntimamente ligada a la forma escultórica, es el sentido plástico que ha transformado la línea del campo bidimensional, en cuerpo, en volumen, figura viviente y corpórea. Esa significación de la forma, ese adentrarse se devela cuando la mayor simplicidad esta ahí, como dice Hamblet; … “borremos de nuestro cerebro toda copia de trivialidad”, es ahí donde desde donde, nos habla la imagen muda que emergió de las manos del escultor.


En Gerardo Valenzuela Guzmán, se da entonces así la disposición inestable del movimiento en sus esculturas, es a la vez equilibrio y sustentación, donde es menor el punto de apoyo de las soluciones sobre el soporte, creando la mayor sensación de movimiento inestable; lo vemos en “ La Danza Solar”, y en “Eterna Juventud”.


El volumen y los espacios se conjugan en una armonía subyacente que se acentúa si agregamos a esto el factor luz, donde vemos la relación estrecha de los volúmenes que se convierten en generadores de sombras propias y arrojadas, es ahí donde nace la luz propia de las esculturas que emerge de los relieves, de las concavidades, de las texturas y de las patinas acentuadas por los diferentes materiales metálicos.


La obra de Gerardo Valenzuela Guzmán, nos invita a adentrarnos, en la contemplación que amerita el Arte, a redescubrir la idea encarnada que revestida de la imagen, mas que una comunicación icónica, transporta el espíritu a una insustancialidad trascendente. En su obra escultórica descubrimos el movimiento grávido que nos eleva a una dimensión onírica, que va mas allá del sueno surrealista mismo.


Su pintura, en un proceso de búsqueda, con una técnica del realismo que viene del entronque de sus maestros, nos lleva a una especialidad donde las imágenes flotan suspendidas en los cielos mas etéreos del alma. Todo flota en estos espacios que parecen escalar las alturas del ser, desde lo mas humano, donde se contraponen los elementos tangibles con, los espacios atmosféricos celestes que parecen zonas incorpóreas y transparentes del alma.


¿Qué ha salido de la tela blanca, de los pigmentos de esa paleta poli cromática, del barro y de la arena, del metal al que el fuego rehace lo inerte para dar vida a lo trascendente?


¿Qué ha salido de las manos fuertes del artista como un canto que lleva a entender la humanidad de lo humano?


He ahí el misterio y la magia del arte y el mago-hombre concreador que en el silencio y en la soledad de si mismo, crea y su obra se proyecta con el cantar transfigurado, de las formas, los espacios, los colores, las luces van mas allá de estos días y de estos tiempos, en definitiva yendo a todos los tiempos y a todos los hombres.


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